Saltar al contenido
¿Y si el Anticristo fuera el miedo a la IA?

¿Y si el Anticristo fuera el miedo a la IA?

La cruzada de Peter Thiel contra la prudencia, la regulación y los límites al progreso tecnológico

Esta es la noticia

El debate sobre la inteligencia artificial ha dejado de ser técnico para convertirse en ideológico. El inversor tecnológico Peter Thiel ha popularizado una tesis provocadora: el verdadero peligro de nuestro tiempo no sería una IA fuera de control, sino el miedo a su desarrollo. Según Thiel, la prudencia, la regulación y el discurso del riesgo funcionan como herramientas para frenar el progreso y justificar una concentración de poder aún mayor.

Esta visión fue abordada en profundidad en El Gran Reseteo, programa de cesarvidal.tv, que dedicó tres episodios especiales al tema durante las pasadas Navidades. Por su parte, Lorenzo Ramírez acaba de publicar El diablo está entre nosotros, un libro muy recomendable.


Lo que mi cabeza me dice

Volvemos de Navidad con el cuerpo aún desacompasado y la cabeza a medio camino entre el calendario nuevo y las mismas preguntas viejas. Pasa todos los años: después del nacimiento de Jesús, de la pausa simbólica, toca mirar hacia delante. Y ahí, casi siempre, aparece el miedo. No el miedo primario, sino uno más sofisticado, más narrativo. El miedo al futuro.

Es en ese clima donde figuras como Peter Thiel llevan tiempo construyendo su particular evangelio tecnológico. Thiel no es solo un inversor brillante; es también un pensador obsesivo, alguien convencido de que nuestra época necesita un enemigo claro para entenderse a sí misma. Y él cree haberlo encontrado: el Anticristo del siglo XXI no sería la tecnología que avanza demasiado rápido, sino el miedo que la frena.

La tesis es provocadora y, por eso mismo, seductora. Según Thiel, el verdadero peligro no es una inteligencia artificial fuera de control, sino una coalición difusa de voces que piden cautela, regulación o límites. Para él, ese freno —presentado como prudencia moral— es la antesala de un poder centralizado, autoritario, incapaz de innovar. El mal no estaría en el progreso, sino en la desconfianza hacia él.

Para sostener esta visión, Thiel mezcla teología cristiana, filosofía y pensamiento "tech bro" con bastante desparpajo. Hay ecos de la escatología clásica y una influencia clara de la teoría mimética de René Girard, reinterpretada para explicar conflictos modernos: alguien tiene que cargar con la culpa de la parálisis del mundo, y ese alguien será quien señale los riesgos. El resultado es una cosmovisión coherente, pero peligrosamente cómoda para quien siempre se sitúa del lado de la aceleración.

El problema no es solo intelectual, sino político. Convertir el debate tecnológico en una batalla casi teológica elimina los matices. Si quien duda es un villano, ya no hace falta escucharle. Si el límite es pecado, cualquier freno es sospechoso. Y así, el desacuerdo deja de ser parte del progreso para convertirse en traición al futuro.

La ironía es difícil de ignorar. Thiel es cofundador de Palantir, una de las empresas más influyentes en el ecosistema de vigilancia y análisis masivo de datos. Que alguien tan cerca de las infraestructuras del control advierta contra un hipotético totalitarismo impulsado por el miedo resulta, como mínimo, incómodo. No invalida su argumento, pero sí obliga a mirarlo con una ceja levantada.

En realidad, nada de esto es nuevo. Cada época proyecta sus angustias sobre la tecnología que tiene a mano. Antes fueron las máquinas, luego internet, ahora los algoritmos. Siempre oscilamos entre la fascinación y el pánico. Lo único que cambia es el lenguaje con el que justificamos nuestras preferencias.

Quizá por eso, después de las fiestas navideñas, conviene desconfiar de las narrativas absolutas. Ni el futuro es una promesa automática ni el miedo una herejía. Pensar, preguntar y poner límites no es lo mismo que clausurar el porvenir. A veces es justo lo contrario: la única forma de que no se nos vaya de las manos.

El año empieza, como siempre, con profecías. Algunas hablan de salvación, otras de desastre. Entre unas y otras, lo verdaderamente incómodo sigue siendo lo mismo: aceptar que el futuro no está escrito y que acelerarlo sin preguntas puede ser tan peligroso como paralizarlo por miedo.


Lo que los datos dicen

  • Peter Thiel y la tesis del "Anticristo tecnológico". En una serie de conferencias privadas durante 2025, Peter Thiel desarrolló una tesis que liga la figura del "Anticristo" a sistemas o líderes que utilizarían el miedo a amenazas existenciales —inteligencia artificial, cambio climático, guerra nuclear— para justificar un control centralizado global y frenar el progreso tecnológico. Para Thiel, el verdadero peligro no es la tecnología en sí, sino la coalición de voces que piden regulación preventiva. Fuentes: The Guardian, entrevistas recogidas en medios especializados tech
  • Palantir: la paradoja del vigilante. Thiel cofundó Palantir Technologies en 2003, empresa que hoy gestiona contratos millonarios con agencias de inteligencia, defensa y seguridad nacional de Estados Unidos (CIA, FBI, ICE, Departamento de Defensa). Sus plataformas de análisis masivo de datos han sido criticadas por organizaciones de derechos civiles por su uso en vigilancia migratoria, seguimiento de poblaciones y control predictivo. Entre 2020 y 2024, Palantir expandió su presencia en Europa con contratos gubernamentales en Reino Unido, Francia y Alemania. En 2025, su capitalización de mercado superó los 60.000 millones de dólares. Fuentes: Wired, The Intercept, Bloomberg
  • El marco regulatorio que Thiel rechaza. EU AI Act (2024): Primera legislación vinculante del mundo sobre IA. Clasifica sistemas por nivel de riesgo, prohíbe prácticas de manipulación cognitiva y vigilancia masiva indiscriminada, y obliga a transparencia en modelos de alto riesgo. Executive Order on AI (EE.UU., octubre 2023): Ordena estándares de seguridad para modelos avanzados, auditorías de sesgo y coordinación entre agencias para mitigar riesgos sistémicos. Iniciativas en 2025-2026: Varios estados de EE.UU. (California, Nueva York) impulsan legislación local. A nivel federal, el debate se centra en si regular capacidades técnicas o solo aplicaciones específicas. Fuentes: Comisión Europea, Casa Blanca, informes de MIT Technology Review
  • Contexto filosófico: René Girard y Silicon Valley. Thiel estudió con René Girard en Stanford y ha aplicado su teoría del "chivo expiatorio" al debate tecnológico: según esta lectura, la sociedad necesita señalar un culpable simbólico (la IA, los tecnólogos) para canalizar ansiedades difusas sobre el futuro. Thiel argumenta que esta dinámica es pre-política y funciona como mecanismo de control social. Fuentes: "The Straussian Moment" (ensayo de Thiel, 2007), entrevistas en Conversations with Tyler