
Gángsters económicos 2.0: la IA como deuda eterna, cortesía de las consultoras
Cuando la "transformación digital" es solo el nuevo nombre de la colonización corporativa.
Esta es la noticia
Un análisis publicado por The Register a partir de la 29ª Encuesta Global de CEOs de PwC señala que, pese a la rápida adopción de inteligencia artificial en grandes empresas, la mayoría aún no obtiene retornos financieros claros. El informe, basado en respuestas de 4.454 directores ejecutivos en 95 países, muestra que los beneficios económicos de la IA se concentran en una minoría de compañías, mientras que la mayor parte sigue sin ver mejoras significativas en ingresos o costes.
Confesiones de un sicario económico de John Perkins (recomendado: aunque no trata directamente sobre IA, ofrece el marco histórico que sustenta el análisis de este texto).
Lo que mi cabeza me dice
Hay una confusión cómoda que conviene desmontar desde el principio: los sicarios económicos nunca fueron funcionarios del estado, nunca llevaron uniforme, no eran tipos con gabardina de la CIA. John Perkins no trabajaba para el gobierno estadounidense; trabajaba para Chas. T. Main, una firma privada de ingeniería y consultoría. Su sueldo no venía de los impuestos, sino de contratos, informes de viabilidad y proyecciones de crecimiento. Ese es el punto incómodo que muchos prefieren suavizar: el poder nunca necesitó ensuciarse las manos.
Los economic hit men no imponían nada por la fuerza. Convencían. Proyectaban infraestructuras que, sobre el papel, eran motores imparables de progreso: represas monumentales, carreteras interminables, centrales eléctricas desproporcionadas. Pero había un truco deliberado: los proyectos estaban diseñados para no funcionar. Eran deliberadamente sobredimensionados, caros e inviables. El objetivo real nunca fue construir la represa; era que el país colapsara bajo una deuda que, por diseño, jamás podría pagar del todo. El éxito del consultor se medía en el impago del cliente, porque la deuda no es un problema financiero: es una herramienta de control permanente. Una vez que no puedes pagar, entregas soberanía, recursos y decisiones. Todo legal, técnico y envuelto en racionalidad económica.
Ese mismo guion se repite hoy con la IA, y no es una metáfora: es un copia-pega histórico casi perfecto. Las grandes consultoras llegan ahora a las empresas con el mismo tono que usaban en los ministerios de economía de los años setenta: urgencia absoluta, inevitabilidad histórica y una promesa de salvación que huele a azufre. El mensaje es directo: si no adoptas la IA ahora mismo, desapareces.
Aceptas el diagnóstico. Inviertes millones. Anuncias la "reinvención" en tus informes anuales. Y cuando los resultados no llegan —porque el modelo nunca estuvo diseñado para hacerte libre, sino para hacerte dependiente—, el guion no se rompe. Se profundiza. Aquí reside la verdadera genialidad del sistema: cuando la IA falla, nunca falla la IA. Falla tu nivel de compromiso. Siempre te falta integrar un proceso más, migrar completamente a la nube o cambiar la cultura organizacional de arriba abajo. Siempre hay una fase siguiente, otro informe caro, otra auditoría que demuestra que "aún no has llegado al enterprise scale".
Como en los tiempos de Perkins, la solución final es siempre la misma: dependencia estructural. Antes era deuda financiera; hoy es dependencia operativa. Para que esto funcione "de verdad", te dicen, tienes que mover el corazón de tu organización a infraestructuras externas: datos, procesos, modelos de inteligencia, todo alojado fuera. No es una opción estratégica; es una transferencia de soberanía disfrazada de modernización. Una vez que cruzas esa línea, ya no pagas para crecer; pagas para seguir funcionando. No te retienen por la fuerza, sino por diseño: salir no es ilegal, es simplemente inviable. Te conviertes en ese país eternamente endeudado que trabaja solo para cubrir los intereses de un préstamo que nunca termina de amortizarse.
Las consultoras no son malvadas; simplemente cumplen su papel histórico: traducir los intereses de los dueños de la infraestructura al lenguaje técnico, convertir decisiones de control en inevitabilidades económicas y vestir la extracción de racionalidad. La IA no ha inventado nada nuevo. Solo ha actualizado el manual para un nuevo sujeto colonizable: las organizaciones. Los sicarios económicos nunca desaparecieron. Solo cambiaron de cliente. Y siempre, siempre, fueron consultores.
Lo que los datos dicen
- Rentabilidad limitada de la IA. El 56% de las empresas no ha registrado ni aumento de ingresos ni reducción de costes tras invertir en IA. Solo el 30% reporta mayores ingresos y el 26% menores costes. Apenas el 12% ha conseguido ambos efectos simultáneamente. Fuente: PwC – 29th Global CEO Survey 2026.
- Confianza empresarial en descenso. Solo el 30% de los CEO se declara muy confiado en el crecimiento de ingresos a 12 meses, frente al 38% en 2025 y el 56% en 2022. Fuente: PwC – 29th Global CEO Survey 2026.
- Dependencia de infraestructuras externas. PwC identifica que los pocos casos exitosos de IA coinciden con empresas que han desplegado infraestructura en la nube y sistemas de datos centralizados a escala empresarial, lo que implica una creciente dependencia operativa de proveedores externos. Fuente: PwC – 29th Global CEO Survey 2026.