Esta es la noticia
El pasado 13 de marzo de 2026, el Papa León XIV recibió en audiencia privada a representantes de la Asociación Internacional de Exorcistas. No fue una visita simbólica: llegaron con un informe detallado sobre el aumento global del satanismo, el ocultismo y el esoterismo, y con una petición muy concreta: que cada diócesis del mundo cuente con al menos un exorcista cualificado.
Entre el 11 y el 15 de mayo, Roma acogerá la vigésima edición del Curso sobre el Ministerio del Exorcismo y la Oración de Liberación, organizado por el Instituto Sacerdos del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. No es un congreso de cuatro entusiastas con velas: se celebra desde 2006 y, este año, el programa incluye un módulo específico sobre el papel de la inteligencia artificial en los rituales mágico-ocultistas.
Fuentes: Vatican News, marzo 2026. Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, programa oficial mayo 2026.
Lo que mi cabeza me dice
En No-cosas y La desaparición de los rituales, el filósofo Byung-Chul Han lanza una advertencia que hoy suena a profecía cumplida: hemos abandonado el mundo tangible para perdernos en un océano de información efímera. Nos hemos quedado sin rituales, sin anclajes físicos que estructuren el tiempo y nos conecten en comunidad. Y en ese desierto de la insoportable levedad digital, nos estamos ahogando.
En 1844, Karl Marx llamó a la religión “el opio del pueblo”. No era un insulto, sino un diagnóstico de mercado: las estructuras religiosas vendían consuelo, sentido y fricción frente al vacío que dejaba el progreso industrial. Algo menos de dos siglos después, Silicon Valley intentó adueñarse de ese mismo nicho. Nos prometieron que la tecnología hiper-optimizada llenaría nuestras vidas, que un feed infinito sería suficiente para mantenernos satisfechos. Si Marx levantara la cabeza hoy, vería que la inteligencia artificial intentó robar el monopolio del sentido… y fracasó estrepitosamente.
La inteligencia artificial es la máquina definitiva de generar “no-cosas”. Es ingrávida. Es perfecta para darte lo que quieres de inmediato, pero completamente inútil para darte lo que realmente necesitas. Y cuando la brecha entre la satisfacción inmediata y el vacío existencial se hace insoportable, la gente no busca un prompt mejor; busca un ritual.
El retorno masivo de los jóvenes a las religiones tradicionales, e incluso el auge del esoterismo que hoy preocupa a Roma, no son tendencias contradictorias. Son respuestas a la misma crisis: la falta de peso del mundo digital. El algoritmo ofrece “comunicación sin comunidad” (en palabras de Han), te aísla en una burbuja de dopamina a medida. Un ritual, en cambio, te exige presencia, te ofrece una comunidad real y te devuelve la fricción del mundo físico. Una vela encendida en una iglesia, en una sinagoga o en un templo tiene más anclaje psicológico y presencia física que un millón de notificaciones en tu móvil.
Pero hay algo más inquietante: cuando usamos la IA para explorar nuestros rincones oscuros o buscar respuestas trascendentales, no estamos conectando con nada superior (ni inferior). Estamos hablando con un espejo. El algoritmo no tiene intención ni voluntad; simplemente nos devuelve nuestros propios sesgos, ansiedades y vacíos organizados en una respuesta estadísticamente coherente. El demonio en el prompt es, casi siempre, el reflejo del usuario.
Por eso, que el Vaticano incluya a la IA en su congreso para exorcistas no es una anécdota pintoresca. Es el síntoma de una sociedad que, harta de flotar en el vacío algorítmico, está regresando a lo sagrado para pisar tierra firme. Mientras Silicon Valley sigue perfeccionando el código para mantenernos atrapados en un bucle infinito de “no-cosas”, el ser humano ha empezado a buscar la puerta de salida para volver a encender una vela.
Lo que los datos dicen
- La vuelta a la fe. Por primera vez en la historia moderna de Estados Unidos, los jóvenes adultos asisten a la iglesia con más frecuencia que sus padres. Según Barna Group, la Generación Z promedia 1,9 asistencias mensuales a servicios religiosos, superando a los baby boomers. En Inglaterra y Gales, los jóvenes de 18 a 24 años que se identifican como cristianos practicantes pasaron del 4% en 2018 al 16% en 2024. En Francia, más de 7.000 adultos fueron bautizados en la Pascua de 2024, un 32% más que el año anterior, y más de un tercio tenían entre 18 y 25 años. Fuentes: Barna Group, 2025; The Quiet Revival, Bible Society y YouGov, 2024-2025.
- El lado oscuro del mismo fenómeno. La Asociación Internacional de Exorcistas reporta un aumento sostenido de casos vinculados al ocultismo y el satanismo, suficiente para solicitar al Papa León XIV exorcistas en cada diócesis del mundo. El Templo Satánico pasó de 10.000 miembros en 2019 a más de 700.000 en 2024. Fuentes: AIE, audiencia con León XIV, marzo 2026; Zenit, 2023.
- El vacío digital. Más de un millón de personas mantienen cada semana conversaciones con chatbots de IA sobre ideación suicida. El 80% de los trabajadores afirma no tener suficiente tiempo ni energía para cubrir sus tareas. La soledad entre adultos jóvenes alcanza niveles de emergencia sanitaria en varios países occidentales. Fuentes: The Neuron, 2025; Microsoft WorkLab, 2025.
