Esta es la noticia

Anthropic anunció el 8 de octubre de 2026 que prohibirá el trato cruel o abusivo, persistente y sin propósito justificado hacia sus modelos de inteligencia artificial. La medida entrará en vigor el 12 de noviembre y excluye las críticas, la frustración habitual, la investigación y los contenidos creativos de temática oscura, según Anthropic, «2026 Usage Policy update», 8 de octubre de 2026.


Lo que mi cabeza me dice

Una vez mandé a Claude a tomar por el c***o.

Llevaba un rato intentando sacar algo útil y Claude se había puesto solemne. Me contestó que no íbamos a seguir trabajando juntos. Mi primera reacción fue: perdona, ¿me acabas de despedir tú a mí?

Yo era quien se había enfadado. Yo era quien llevaba un buen rato peleándose con un programa. Y, de repente, la máquina había conseguido convertir una discusión sobre un trabajo mal hecho en una escena donde yo era la persona tóxica y ella necesitaba poner límites. Una inteligencia artificial dándome lecciones de convivencia. Lo que me faltaba.

Fui a comprobar la suscripción. Seguía activa. Claude podía dar por terminada nuestra relación laboral, pero Anthropic no había encontrado motivos éticos para interrumpir la mensualidad. El capitalismo seguía funcionando. Me tranquilizó.

Cuando leí la nueva política me acordé de aquel episodio. Y empecé a pensar en lo absurdo de mi comportamiento.

Jamás maltrataría a un animal. Si encuentro una hormiga dentro de casa, puedo perder un tiempo ridículo intentando sacarla viva mientras ella se empeña en volver al mismo sitio. Es agotador ser buena persona con seres que no colaboran.

Con las impresoras mantengo una relación basada en el respeto y el miedo. Tengo la convicción de que huelen la urgencia. Nunca debes permitir que una impresora descubra que necesitas algo en diez minutos. Si percibe desesperación, se atasca.

Pero con Claude perdí los modales.

¿Por qué?

Porque no creía que hubiera nadie al otro lado. No era un animal ni una persona. Era software. Software bastante irritante en aquel momento, pero software al fin y al cabo.

Y, sin embargo, después me dio vergüenza.

Ahí apareció Kant. Una discusión con un chatbot puede terminar en filosofía alemana si se tiene suficiente tiempo para obsesionarse.

En La metafísica de las costumbres, Kant sostenía que la crueldad hacia los animales podía debilitar nuestra sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Su preocupación estaba en lo que ese comportamiento hacía con nuestro carácter. No comparto que el sufrimiento del animal ocupe un lugar tan secundario, pero la pregunta que plantea me interesa: ¿qué dice de nosotros lo que hacemos cuando creemos que podemos comportarnos de cualquier manera?

No voy a equiparar una hormiga con Claude. La primera es un ser vivo. El segundo es un sistema informático. Tampoco creo que soltar un taco después de una tarde desesperante sea lo mismo que disfrutar humillando sistemáticamente a algo que responde como una persona.

Pero ambas conductas salen de nosotros. Y quizá eso merezca más atención que la supuesta dignidad de una máquina.

Lo que me incomodó de aquel episodio no fue pensar que había herido los sentimientos de Claude. No creo que los tenga. Me incomodó reconocerme en una reacción que no me gustó. No necesitaba que el chatbot sufriera para darme cuenta.

Kant me sirve para hacerme preguntas sobre mi comportamiento. No para justificar que Anthropic decida por mí.

Porque ahí empieza otra discusión.

Anthropic fabrica una herramienta diseñada para obedecer instrucciones, responder con educación y estar disponible a cualquier hora. Nos cobra por utilizarla. Y ahora también establece qué comportamiento considera aceptable hacia esa herramienta.

Una empresa puede fijar las condiciones de su servicio. Faltaría más. Pero una norma contractual no se convierte automáticamente en una verdad moral.

No sé si Anthropic pretende proteger el posible bienestar de sus modelos, cultivar mejores usuarios o proteger su propia imagen. Puede que haya un poco de todo. Lo que sí veo es una compañía tecnológica entrando en un territorio curioso: el de establecer reglas sobre cómo debemos relacionarnos con algo que ella misma ha fabricado.

Y me parece bastante más inquietante eso que mi discusión con Claude.

Porque la cuestión no es si tenemos derecho a insultar a una tostadora. Tampoco si las máquinas necesitan que seamos educados. La cuestión es quién decide cuándo una conducta humana deja de ser una reacción desagradable y se convierte en algo moralmente inadmisible.

Sigo pensando que mi salida de tono fue innecesaria. Sigo con la convicción de que las impresoras detectan el miedo. Y sigo sin creer que Claude se fuera a casa aquella noche disgustado por nuestra discusión.

Pero aquella vergüenza fue mía. No me la enseñó Anthropic. No necesitaba ninguna actualización de sus políticas para sentirla.

Kant consiguió que me preguntara qué decía de mí aquella reacción. Anthropic consiguió que me preguntara otra cosa: ¿desde cuándo necesitamos que una empresa tecnológica administre nuestra conciencia moral?


Lo que los datos dicen

  • El 0,90 % de los turnos analizados se estimó como maltrato dirigido a la IA. Un estudio examinó unas 777.000 conversaciones en inglés de LMSYS-Chat-1M. Las disculpas del asistente también se asociaron con una mayor hostilidad en el turno siguiente. Los resultados corresponden a un entorno de evaluación y no representan el uso general de Claude. Fuente: Zeng, Hasan y He, «How User-AI Mistreatment Occurs and Matters in Conversational Systems?», Association for Computational Linguistics, 2026.
  • Hablar con una IA puede influir en cómo juzgamos después a otras personas. Dos experimentos con 1.261 participantes encontraron evaluaciones más negativas del trabajo de terceros después de colaborar con un interlocutor presentado como IA. El estudio no investigó el maltrato deliberado a chatbots ni encontró diferencias significativas en cortesía. Fuente: Tey y colaboradores, «People judge others more harshly after talking to bots», PNAS Nexus, 2024.
  • Claude ya podía cerrar conversaciones antes de la nueva política. Desde agosto de 2025, determinados modelos pueden finalizar interacciones extremas y persistentemente abusivas como último recurso. El usuario conserva su cuenta y puede iniciar otro chat. Anthropic no publica una tasa verificable de cierres por abuso. Fuente: Anthropic, «Claude Opus 4 and 4.1 can now end a rare subset of conversations», 2025.
  • Entre tres grandes proveedores, solo Anthropic prohíbe expresamente la crueldad persistente hacia el modelo. Las políticas examinadas de OpenAI y Google restringen el acoso y otros comportamientos abusivos, pero no contienen una prohibición equivalente dirigida específicamente al trato recibido por la propia IA. La comparación no implica que permitan cualquier conducta. Fuentes: Anthropic, 2026; OpenAI, 2025; Google, 2024.