Esta es la noticia

El 1 de julio de 2026, Cloudflare informó de que más de la mitad del tráfico observado en su red ya no procedía de humanos. Dentro de ese tráfico automatizado, entre las solicitudes de rastreo que pudo clasificar, el 52% se dedicaba al entrenamiento de modelos de IA; en la primavera de 2025 era el 22%. El contenido seguía siendo rastreado, indexado y utilizado, pero sin devolver un lector a la fuente.

Dos semanas antes, el Digital News Report 2026 había observado el movimiento desde el otro extremo. Por primera vez, más personas habían utilizado redes sociales y plataformas de vídeo para informarse durante la última semana que las webs y aplicaciones de los medios: 54% frente a 51%. Las categorías no son excluyentes. Entre las personas de 18 a 24 años, el 52% sí señalaba las redes, el vídeo y los asistentes como su vía principal.


Lo que mi cabeza me dice

Hubo un tiempo en que publicar algo en internet significaba imaginar a una persona al otro lado. La web era caótica, estaba llena de basura y desde hacía veinte años pasaba por un solo peaje llamado Google. Pero aquel peaje devolvía visitas. Conservaba la forma de una plaza: lugares distintos compartían un espacio común que cualquiera podía atravesar.

El SEO al menos fingía que detrás del buscador había un lector. Su sucesor, GEO (Generative Engine Optimization), tiene otra ambición: conseguir que una máquina extraiga una frase antes de responder por su cuenta. Ya no optimizas para que alguien te lea, sino para que te utilice el sistema que impedirá que te lean.

Trabajamos para que la IA pueda comer, y después comemos de la IA.

Un medio investiga. Un modelo recorre la investigación. Un asistente la resume. Otro sistema la convierte en guion. Un creador lo lee ante una cámara y una plataforma recomienda el fragmento a quien jamás sabrá qué medio pagó al periodista. Todos han procesado la información, pero casi nadie ha visitado la fuente. La plataforma conserva la distribución y el creador, la confianza; quien produjo la información se queda con el coste.

Cloudflare no es un observador neutral: describe el final del intercambio gratuito mientras construye los tornos para lo que venga después. El viejo modelo publicitario tampoco resolvió bien esa cuenta. Si las máquinas usan el contenido sin devolver lectores, alguien tendrá que pagar por producirlo.

No es la teoría del internet muerto. La plaza sigue habitada, pero ya no reúne a quienes producen la información con quienes la consumen. El contenido queda abierto para las máquinas mientras la conversación humana se desplaza a espacios administrados por plataformas y asistentes. Producir y encontrarse dejan de suceder en el mismo lugar.

Byung-Chul Han llamó «enjambre digital» a una multitud de individuos aislados que producía ruido sin construir un «nosotros». Mucha comunicación, ningún mundo compartido. El diagnóstico explica bien la plaza que desaparece, pero quizá se detuvo demasiado pronto. El enjambre no permaneció atomizado: el mercado aprendió a reagrupar sus partículas. No produjo un «nosotros» común, difícil de poseer y monetizar. Produjo millones de pequeños «nosotros», intensos, incompatibles y administrables. Segmentación para encontrarte una tribu. Recomendación para presentarte a su guía. Métricas para enseñarle qué debe decir.

El creador ocupa la posición perfecta para ser ese guía: tiene rostro, voz y una vida que parece cercana. Su ventaja consiste en no parecer una institución. La relación puede ser auténtica y la comunidad valiosa, pero la autenticidad no cancela la contabilidad. Los seguidores funcionan como capital porque se transforman en publicidad, ventas o poder político. IAB calculó que la publicidad estadounidense con creadores pasaría de 37.000 millones de dólares en 2025 a 44.000 millones en 2026.

Y el panel de métricas enseña una lección incómoda: una respuesta que resuelve una duda puede cerrar la conversación; una amenaza nueva garantiza el próximo episodio.

La IA puede cerrar todavía más estas comunidades. El creador ofrece una versión del mundo al grupo; el asistente puede adaptarla a cada miembro. Recuerda lo que le has contado, reconoce qué tono y temas prefieres y responde desde ahí. Ya no hace falta buscar la fuente ni leer a quien piensa distinto: recibes una explicación ajustada a ti. El refugio se vuelve entonces más cómodo cuanto menos ventanas conserva.

Imaginamos que el peligro era una plaza demasiado grande: ruido, desconocidos y conflicto. La solución comercial fue construir espacios donde todo pareciera relevante y familiar. Pero una plaza permite encontrar a quien no acudió para encontrarte. Una comunidad seleccionada por afinidad solo promete reconocerte mañana.

El enjambre no se convirtió en pueblo. Se convirtió en mercado.

Fuera quedan las páginas, visitadas por máquinas que las convierten en respuestas sin camino de regreso. Dentro, los humanos se reparten entre habitaciones cada vez más homogéneas que alguien ha aprendido a rentabilizar. Quizá la noticia sea que ya estamos fuera y las máquinas son las únicas que todavía recorren la plaza.


Lo que los datos dicen

  • Los asistentes aún son una vía minoritaria, pero crecen entre los jóvenes. El 10% de la muestra utilizaba chatbots para informarse; entre los menores de 35 años, el 16%. Su función más valorada era poder formular preguntas sucesivas, mencionada por el 42% de sus usuarios. Fuente: Digital News Report 2026.
  • Los creadores complementan más de lo que sustituyen. En el promedio de los 48 mercados, el 27% encontró noticias de creadores especializados durante la semana anterior y el 13% dijo cubrir con ellos la mayoría o la totalidad de sus necesidades informativas. Se los percibía como más cercanos y entretenidos, aunque menos fiables e imparciales. Fuente: Reuters Institute.
  • Las marcas ya tratan a los creadores como infraestructura comercial. El 48% de los compradores estadounidenses encuestados consideraba este canal imprescindible y tres de cada cuatro marcas utilizaban o planeaban utilizar IA en tareas de marketing con creadores. Fuente: IAB.
  • La pérdida de retorno no afecta solo a los medios. Cloudflare afirma que algunas categorías muy rastreadas perdieron hasta un 40% de tráfico humano en menos de un año. Es una observación de su propia red y no publica suficiente detalle para generalizarla a toda la web. Fuente: Cloudflare.