
Esta es la noticia
El artículo Fear of missing out on AI is overshadowing the fear of losing our humanity (UX Collective, 2025) analiza cómo la adopción de inteligencia artificial se ha convertido en una carrera impulsada por ansiedad corporativa, donde el miedo a quedarse atrás ha desplazado la preocupación por el impacto humano. El diseño y la creatividad se sacrifican por velocidad y apariencia de progreso.
Fuente: UX Collective, 2025
Lo que mi cabeza me dice
La innovación ya no se mueve por visión, se mueve por ansiedad. Las decisiones estratégicas se toman con taquicardia, las inversiones se aprueban con miedo, las políticas públicas se lanzan con prisa. Y las personas —tú, yo, todos— corremos detrás de una tecnología que no entendemos, pero que hay que tener. No para usarla, sino para no parecer idiotas.
Bienvenidos al capitalismo del FOMO, un sistema que no promete progreso, sino que te amenaza con la irrelevancia si no lo finges primero. Lanza algo, aunque sea humo.
Después de cada anuncio de IA, las reacciones son automáticas: las empresas corren a lanzar su "prototipo generativo", los gobiernos crean "agencias nacionales para no quedarse atrás" y tus colegas se inscriben en el máster que enseñará lo que sea que ChatGPT no haya dejado obsoleto esta semana. No importa si sirve, no importa si está listo: importa que salga ya. El mundo se volvió un escaparate de MVPs ansiosos, donde el nuevo KPI no es la utilidad sino la velocidad para simular que estás "en la ola".
El miedo se institucionalizó. Ya no es una emoción privada, es una política industrial. Hoy nadie quiere ser el último idiota que no apostó por la IA. Y como en toda estampida, no se corre porque se ve fuego, se corre porque todos los demás corren. El resultado: startups que lanzan features sin usuarios, empresas que entrenan modelos que no saben aplicar y gobiernos que regulan sin entender qué están regulando. En medio de esa histeria sofisticada, lo único que se quema es el sentido común.
Todo es "el futuro". Todo es "disruptivo". Todo es game-changer. Tan disruptivo que ya nada interrumpe nada. Tan revolucionario que las verdaderas revoluciones se volvieron invisibles. Tan nuevo todo, que nada cambia. Porque cuando cada semana se anuncia una revolución, lo único que se revoluciona es tu paciencia. Estamos ante una inflación de innovación, donde se imprime tanto "avance" que el valor de cada uno se devalúa. Y como toda inflación, genera su propio cinismo. Ya no te crees nada, pero igual lo compartes en LinkedIn. Por si acaso.
La innovación se volvió una puesta en escena. Empresas que "integran IA" solo para subir una foto a la memoria anual. Países que "invierten en tecnología" sin internet en las escuelas. Universidades que ofrecen másteres en cosas que no existen. Y líderes que hablan de futuro mientras toman decisiones diseñadas para la próxima rueda de prensa. Nada de esto es planificación: es estética, es coreografía. Porque lo importante ya no es qué haces, sino parecer que haces algo antes que el resto.
Preguntar si algo tiene sentido se volvió un lujo. Esperar se volvió sospechoso. Y decir "no sé" es casi una renuncia. Hoy la paciencia es un delito estratégico, la pausa es un atentado contra la narrativa y la lentitud, una provocación intolerable. Así como un banco central puede sobrecalentar la economía bajando los tipos de interés, el FOMO sobrecalienta la innovación rebajando el umbral de prudencia. Y eso no solo crea burbujas: crea vértigo, crea fatiga, crea daño humano. Equipos agotados, líderes vacíos, proyectos que ya nadie recuerda a los dos meses de haberlos lanzado.
No estamos construyendo el futuro, estamos escapando del presente. Esto ya no es una carrera por llegar primero, es una huida para no parecer el último. Y el problema no es que estemos yendo demasiado rápido: el problema es que no sabemos hacia dónde. Y ni siquiera nos importa. Nos obsesiona estar "en la conversación", aun cuando esa conversación no tenga sentido, aun cuando el costo sea destruir todo lo que solía importar: el pensamiento crítico, el diseño con propósito y el respeto por el tiempo humano.
Pasamos del capitalismo del deseo: producir más, comprar más, tener más, al capitalismo del miedo: mostrar más, correr más, fingir más. Y como todo sistema basado en ansiedad, termina devorando justo lo que más necesita: la calma para pensar, la pausa para elegir, la visión para construir algo que dure más que un ciclo de hype. La pregunta ya no es cuánta IA podemos producir. La pregunta es: ¿cuánto miedo podemos sostener sin vaciarnos por dentro?
Lo que los datos dicen
- Economía de la ansiedad. Harvard Business Review (2024) define el fenómeno como anxiety economy, una economía donde la urgencia reemplaza a la estrategia.
- Adopción sin rentabilidad. El 68 % de las empresas que adoptaron IA en 2024 no han encontrado un caso de uso rentable ni sostenible. Fuente: MIT Technology Review, 2025.
- Fatiga psicológica. La aceleración tecnológica está generando brechas de adaptación y fatiga psicológica en entornos laborales. Fuente: World Economic Forum, 2025.